El día que comprendí que su amor le pertenecía a otra, suspiré. Escribí el miedo de verme en el espejo, empañada por las lágrimas. Envuelta por la nada. No quise decir nada, sólo me ví bajando un árbol lleno de espinas, me ví encerrada en un campo lleno de flores; lleno de olores; lleno de gente; lleno de mi realidad. Si supiera que caminar es contar tus palabras, dejaría este lugar y me quedaría en la noche de mi desesperación. Eterna noche, estrellas por siempre... en la oscuridad nadie vería el dolor, nadie vería lo que escribo... ni nadie sería alguien para mí.¿Comprendes, realmente, el dolor? ¿Entiendes que tus consejos son ingenuos y que la claridad es sólo un indicio de la triste realidad?¿Tu pusiste aquella venda en los ojos y en el corazón?
Iré a soñar. Es lo que mejor se hacer.
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