
Espero el vacío gris de la tormenta,
calmada ante una noche de aquellas;
balones negros cayendo en mi espalda,
y el corazón hirviendo de amor.
Tanta razón tenía el sueño,
tanto ardor contaba en esta canción,
tanta fatiga salida del mundo subterráneo,
tanto amor que tengo en estas manos.
Frío de aquel entonces,
frío hasta el alba de un día extraño,
frío que no deseo sentir,
frío que intenta robarse el alma.
Caída en un precipicio gigante,
estafada por mis propios pensamientos.
Quién quisiera tener el corazón violeta,
y esperar las lagrimas como una hoja de papel doblado.
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Te amo.