Piensas en ella como un trueno. Aparece atraída por el sol que se quema, por el corazón de la paloma más fría de la ciudad más lúgubre.
Hoy hay muerte, y ninguna hoja cae a nuestro alrededor; y nadie aprecia el verdadero terremoto de su vuelo, ni de su mirada.
¿Mirémosla a los ojos?
Serios,
como hielo,
como sus hijos,
como el verso de Neruda robado por aquellos fusiles de la traición.
Muerte que suspiras en la sien de mi alma, en mi frente de pensamientos;
muerte que vienes escribiendo el hilo de sangre de nuestros días,
muerte que te llevas a aquellos de corazón violeta,
muerte que me agobias, que me desesperas.
Muerte mía, ya somos dos.
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